MEMOREANDO/POR: NORA STREJILEVICH/ARGENTINA/ LA CASA QUE SOY
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Epílogo de Nora Strejilevich
En un país gobernado por seres ficticios que hablan una lengua ficticia mientras la realidad se desangra, Memoreando es la escalera al cielo que, sin más herramienta que la palabra poética, nombra nuestra historia.
Hacer memoria es, también, darle nuevos giros a la lengua para que siga contando eso que no se puede contar: lo que duele y no dejará de doler, lo que está presente como huella en muchos, lo que muchos ignoran o descalifican.
La poesía debe conmover y por eso estas páginas nos regalan pinceladas del sin fin de emociones y conmociones que dejó el terrorismo de Estado. Un coro de voces —padres y madres, hijos e hijas, detenidxs-desaparecidxs y sobrevivientes— surge de la mano de poetas que crean con ellas su melodía. Porque la poesía, como dice Laura Estrin, es una atmósfera, un clima, un tiempo.
Y así, a partir del dolor, verso a verso se desnombra la pena , se contraolvida y se inscribe cada nombre, el que grito cada jueves en la Plaza.
Los poemas dialogan entre sí:
Dicen que el horror no tiene cifra exacta.
Soy 30.000 memorias.
Se olvida la memoria ¡son 30.400!
Mientras tanto, los que todo lo niegan le quitan dígitos: "es fanatismo hablar de treinta mil víctimas/ en la Dictadura Argentina" dicen ellos/ "las pruebas son contundentes /hablan de ocho mil o nueve mil a los sumo diez mil" … /… no entienden que lo implacable no se demuestra.
Las Madres, locas de atar/por no morirse antes del jueves, dan en la clave. Nada tan intenso como la memoria. / (Ni el mar… ni las proclamas). / … la memoria es /una niña peinadita corriendo tras su ADN /o una señora que ronda la ronda.
Nuestras cabezas piensan/ Por donde nuestros pies caminan.
Y escuchamos una voz que nos alerta: El pasado está presente en tu futuro. Los genocidas persisten: Siempre estuvieron allí. Usurpando hasta el umbral de la pesadilla…. Nada más cierto. Si prestamos atención, los setenta no quedan tan lejos: yo que una vez tuve un país un continente/ qué digo el mundo entero/ para que ahora ande de favor/ pidiéndole a la muerte un beneficio. ¿No sentimos sus ecos aquí y ahora?
Pero Somos los jueces de los jueces/ Todos sus verbos al caldero.
Nos llega en sordina, como un murmullo, la pasión de aquella juventud que luchó por el mañana, por nosotres, los del siglo XXI: Soy el último en caer y el recuerdo del futuro me atormenta. Le atormenta porque ¿qué sociedad puede nacer de un exterminio? ¿No será la nuestra, la que arremete muy campante, pisoteando, la parida por los centros clandestinos y los “vuelos de la muerte”? ¿Una sociedad que, en gran medida, consciente y olvida? y mi patria –la mía— es sólo esta manada de elefantes que ha extraviado su rumbo.
Pero el futuro también somos los miles y miles que a 50 años del golpe seguimos sosteniendo sus fotos y sus nombres en pancartas, en banderas, en bordados, en pañuelos. La historia…/ lava con agua helada sus lagañas/ camina acompañando una larga bandera repleta de ausentes.
Ellos parieron a sus madres/ y éstas llevan sus fotos mostrando al mundo/ que no hay naufragios. Marchamos con ellxs para mutar horror en amor y ausencia en presencia. Es la desaparición la excusa perfecta/ para desnudar de nombres/ los cuerpos que no están. Y, sin embargo, hasta las grietas los gritan.
Sus nombres salen por doquier y se anuncian invencibles.
Me sumo al coro con mi poema NN, parido “al volver” del ex centro clandestino Club Atlético:
Cuando me robaron el nombre
fui una fui cien fui miles
y no fui nadie
NN era mi rostro despojado
de gesto de mirada de vocal
caminó mi desnudez numerada
en fila sin ojos sin yo
con ellos sola
desangrado mi alfabeto por cadenas guturales
por gemidos ciudadanos de un país sin iniciales
párpado y tabique mi horizonte
todo silencio y eco
todo reja todo noche
todo pared sin espejo
donde copiar una arruga una mueca un quizás
todo punto y aparte.
…
Mi nombre enredadera se enredó
entre sílabas de muerte
DE SA PA RE CI DO
ido
nombre nunca más
mi nombre.
Enajenada de sujeto no supe conjugarme
no supe recorrer el abecedario de mis lágrimas.
Fui ojos revolviendo ayeres
fui manos atrapando jirones
fui pies resbalando por renglones eléctricos.
No supe pronunciarme.
Fui piel entre discursos sin saliva
sin vestigios
de dónde ni porqué
ni cuándo ni hasta cuándo.
No podrás jamás decirlo
jamás decirte, pensé.
Pero escribirás,
escribiré sí
miles de ges de eres de eses
garabatos vicarios
hijos de mi boca
remolinos de deseos
que fueron nombres.
Escribiré
látigos negros para domar
ciertas salvajes mayúsculas
ahogándome la sangre.
Resistiré resistirás
con nombre y apellido
el descarado lenguaje
del olvido.
Memoreamos con todas las voces todas para recobrar la palabra emancipación, más temprano que tarde. ¿Creen que pudieron? / los funestos no saben que tu oficio de aurora /es una lámpara prístina /inextinguible /que arde que canta que vive todavía.
***
Acá algunos poemas que conforman esta antología:
30.000
Soy 30.000 memorias.
El cielo cae sobre la bruma y alguien arroja sus alas antes del agua.
Debo pensar en hermanos de fuertes nimbos donde los buitres ponen sus huevos de aire.
Hay cadenas en el tiempo que anudan espacios donde el cuerpo se disuelve.
Floto en caída vertical y no levanto la mirada por el rumor del viento.
Soy el último en caer y el recuerdo futuro me atormenta.
No miro ya los rumbos, soy madero de acuático naufragio.
Volveré cuando los días logren su luz
y las noches sus encantos.
Osvaldo Ortemberg
24 de marzo
Mi abuela me enseñó
a jugar a la escoba del quince,
a amasar tallarines con la pastalinda,
que el frío se combate con una bolsa
de agua caliente en los pies
y que a un nieto se lo recibe
siempre con una sonrisa.
El horror más grande debe ser
una abuela esperando un nieto
que nunca más vuelve.
Matías de Rioja
A Gonzalo Vaca Narvaja por el asesinato de su padre
La cabeza está gritando todavía
no es la cabeza de un verso de Almafuerte
no escupe ni Shaquespeare le seduce los tientos la lengua afuera porque le hace burlas al asesino que lo está matando arruina para siempre el alma del verdugo lo ha condenado a ser el cuervo que se come las tripas.
Hydra sanguinolenta asomando en su pecho la cabeza está ahí
yo me llevo sus ojos
no han de saquear su rostro
la chispa en la que arde eternamente
tengo la suerte echada
me susurró al oído
y me besó la frente como si la ternura fuera un agua secreta yo me fui despacito casi tanteando el aire
Hugo Rivella
Cobertura de repatriación funeraria
Tampoco voy a andar por ahí
dejando mis huesos
ya ni Manhattan me recibe
pagué con billetes de los grandes
este retorno a la Patria
en caso de que la muerte
pise más fuerte mi sombra
Patria o Suerte
dirá la bandera con la que traerán mis restos empaquetados para desorientar a los alguaciles que están acostumbrados
a ver subordinación y valor
muerte alcahueta dándole mi posición
a dios o al diablo para que pugnen
por mis restos como si algo
fuera a sobrar después de lágrimas
yo que una vez tuve
un país un continente
qué digo el mundo entero
para que ahora ande de favor
pidiéndole a la muerte un beneficio
que perfume mis exequias
la ropa del último sudor
me favorezca con la fotografía
no abuse de su repugnancia
escribiendo mi obituario
encuentre un buen lugar
donde ponerme y olvide
aunque corro con una a favor:
la muerte no reconocerá mi cadáver:
no llevo tatuajes.
Daniel Quintero
El beso de Judas
Asombrado el diablo de tanto infierno
habló sin mover la lengua
metió la cola en medio de la iglesia
y en una campanada marcó sus mejillas.
La trampa de un alma esperanzada es bajar los ojos.
Volvimos a caminar esos pasos
hasta que el filo del pasillo de la nave
cortara los pies
y en ese dolor reconocer la cara del ángel
un horror en frasco de miel
que descubrió que los pájaros
no cantan en la oscuridad.
En esa tarde rota
el beso de Judas asustó al diablo
pero no asustó a la iglesia.
Andrea López




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